LOS
JUGUETES NO TIENEN SEXO.
Desventajas del marketing sexista en el sector de los juguetes.
Los
juguetes no sexistas suponen un ahorro de costes y una mejora
de estrategias de marketing e imagen de marca.
Campaña
de Navidad 2003, el 80% de la facturación de las jugueteras
en juego. En España, 190 euros de gasto medio por niño
en juguetes navideños. Todos los medios llenos de juguetes
que o lloran o disparan. Asociaciones de padres en alerta
roja, con el video grabando más de 1000 anuncios de juguetes,
dieciséis de ellos ya retirados por no ceñirse al código
propio de publicidad infantil. La mayoría, por el uso
excesivo de animaciones que confunden al niño sobre las
posibilidades reales del juguete. Los fabricantes, aguantando
la respiración sobre noticias negativas para el sector.
Padres estresados en los centros comerciales con hojitas
de cuaderno garabateadas con lápiz preguntándose si es
mejor una consola o un balón, y niños, muchos niños soñando
mientras esperan.
El sexismo está en el uso que pretenden sociedad y fabricantes.
Los niños piden influenciados.Para concienciarnos (aludir
a nuestra conciencia), la Gerencia de igualdad de oportunidades
dependiente de la Concejalía de empleo y servicios al
ciudadano, dirigida por Doña Ana Botella,
del Ayuntamiento de Madrid
acaba de lanzar una campaña más sobre la polémica del sexo de
los juguetes: “Los juguetes son para quien juega con ellos”
o “Jugando ensayas tu futuro” rezan algunos lemas de la campaña.
El juguete no es para chicos o chicas. El juguete es para jugar
y punto. Esto trae a colación multitud de teorías sobre roles
sociales y sexuales que todos adquirimos en la vida adulta y
que comienzan en la infancia. Teorías como la de Piaget todavía
no han llegado a la actual industria del juguete, repartida
casi en su totalidad en juguetes rosas y juguetes celestes.
Pesa el tópico, y es una idea sin sustento
científico alguno, que un niño varón tendrá en el futuro, cuando
menos, dudas sobre su sexualidad si juega con muñecas. Una niña
que simula explosiones con la voz mientras sostiene un marine
puede ser la pesadilla de una madre repipi. Muy al contrario,
la información de que disponemos hoy, sugiere que la orientación
sexual es una preferencia predeterminada, relativa a la calidad
o contenido del deseo cuyo significante es masculino, femenino
o ambos en cualquier proporción. A los niños se les prepara
para ocupar determinados roles y profesiones con la ayuda de
inocentes juguetes.
Pero el resultado es imposible de medir.
Si te has pasado la vida jugando a las cocinitas, ¿es que vas
a ser un ama de casa de insuperable paella todos los domingos?
Entonces, el que firma este artículo debería vivir en una reserva
en Dakota del sur con sus amados Sioux de la infancia, y sin
embargo se dedica a la comunicación en una empresa de marketing
y juegos. La niña que jugaba a las cocinillas puede estar dejando
reposar su arroz en Castellón, o esperando en Diwaniya a que
el chef de la Brigada Plus Ultra diga la cena está servida.
Vaya usted a saber.
La campaña, que abarca centros escolares,
mobiliario urbano, postal-free y carteles en metro de Madrid
va dirigida con maestría a los tres vértices del triángulo de
problema: padres, sociedad y fabricantes de juguetes, de los
que cuelgan las agencias de publicidad. La campaña del Ayuntamiento,
dejando a un lado su loable fin social, pues es intrínseco a
su naturaleza como poder público, es un diez en cuestión de
comunicación. En el eslogan Un juguete es para quien juega con
él, encontramos un mensaje para cada uno de los protagonistas
de este problema social, económico y publicitario.
Los padres
o el miedo a que sus hijos no salgan normales
¿Y qué es normal? ¿El uso de la mayoría?
Un padre se baja en la estación de Sol para ir a entregar la
carta de los Reyes Magos a un centro comercial (sabed niños
que el centro comercial es el que está en contacto con el almacén
de Sus Majestades), y al leer el eslogan que nos ocupa se da
cuenta que le están diciendo: no compres por presión social,
no proyectes frustraciones propias, hazlo siguiendo los gustos
de tus hijos.
A los clichés se les puede dar la vuelta.
Un ejemplo: ¿María le ha pedido un balón y Mario un juguete
para hacer pasteles? Perfecto entonces, María se entenderá mejor
con su pareja el día que su casa se inunde para ver el último
Madrid-Barça de la Historia. En cuanto a Mario, puede que tenga
un programa en televisión con perejil y fundamento. Así reza
otra de los lemas en marquesinas de autobús, “Si compartimos
los juegos hoy, también compartiremos los trabajos y las responsabilidades
mañana”. Justo al revés, la prohibición expresa de acercarse
a la casita de muñecas pone en funcionamiento en Mario el mecanismo
del tabú, que podríamos definir aquí como concepto clave en
la educación del niño que sirve para llevarlo directamente a
lo que aquél intenta prohibir.
Consecuencias a medio plazo: frustraciones,
vergüenza, complejos, baja autoestima, falta de comunicación,
imposibilidad de ponerse en el lugar del otro y a largo plazo:
secretos inconfesables, psicopatologías y violencia.
La sociedad
o el monstruo del qué dirán
Una sociedad es algo que no sólo emite
juicios. También los recibe. Desde dentro y también desde sociedades
vecinas, instituciones supranacionales, o el simple correr del
tiempo. Por lo tanto, cuanto más intransigente, más tópica y
cerril se muestre nuestra sociedad para cualquier problema,
su reflejo se va convirtiendo en una especie de cable de teléfono
que no deja de liarse sobre su propia ignorancia. En definitiva,
no porque algo venda o sea “como ha sido siempre” es inmutable
y no se puede discutir. Es más, pueden sacarse ventajas comerciales
y sociales del trato igualitario en los juguetes.
Fabricantes
de juguetes o el anunciante en su torre de marfil
A los fabricantes de juguetes, que siempre
se defienden de la misma forma, “vendemos lo que nos compran”
también les está hablando el lema. No envíes tus productos a
cañonazos a uno de los dos sexos. Todos tus juguetes son para
todos los niños. Se defendían hace poco en televisión argumentando
que las jugueteras no están para educar. La cuestión es si una
juguetera es una fábrica de hacer dinero, o una empresa que
además vende ilusión, entretenimiento, igualdad y buenos y seguros
productos a la sociedad de la que procede y de la que se nutre.
Sin atrevernos a esbozar desde este medio
una solución pormenorizada para este problema, aquí van algunas
ventajas desde el mundo del marketing para quienes decidieran
hacer las cosas de otro modo.
Juguetes
no sexistas. Ahorro de costes, mejora de estrategias de marketing
e imagen de marca
Como el problema es de segmentación al
50% del público objetivo, analicemos dicha estrategia para mejorar.
La segmentación está bien cuando tu mensaje sólo interesa a
un segmento muy reducido de población. Ejemplo: tuercas del
quince. Las tuercas son del quince, y son para tornillos del
quince. Con juegos y juguetes no segmentes a tu público por
tópicos sociales cuando no hace falta. ¿Por qué? Porque así
tu universo objetivo es mayor. El público son todos los niños.
Tus clientes potenciales se doblan para casi todos los productos.
Al ahorrar la segmentación por sexo se obtiene una reducción
de costes en fabricación, packaging, desarrollo de líneas de
producto, gamas y hasta cadena de montaje. No hagas dos juguetes
distintos, sino el mismo para todos.
Para el marketing, los problemas de product
placement desaparecen en cuanto a lugar femenino o masculino.
El público objetivo se duplica para el mismo mensaje, porque
así no hay que invertir el doble en hacer avanzar los juguetes
femeninos y los masculinos. Con este nuevo concepto, la publicidad
infantil se olvida de los clichés manidos, que a tantos colectivos
pone los pelos de punta, porque su anunciante ya no le pide
campañas fundamentadas en los roles sexuales, sino en la igualdad,
acción social del juguete, cooperación entre niños y niñas,
objetivos educativos, apoyo a la imaginación sin trabas…en definitiva,
objetivos deseables para empresa y sociedad. Nada tan estimulante
para una agencia como el reto de parir una campaña para un producto
sin connotaciones tan obvias como machote VS minimamá.
De este último punto se descuelga sola
la idea de los beneficios que la marca proyectaría en la sociedad.
Los activos intangibles creados con una orientación correcta
de la publicidad infantil, se verían rápidamente reconocidos
por asociaciones de padres y consumidores, profesores, educadores,
gays y lesbianas, medios de comunicación, agencias de publicidad
y organismos de consumo al situar la marca en otro estrato de
consideración en la mente de todos. Una empresa responsable
de sus productos ante el público y ante ella misma.
Un sector tan polémico como el de juegos
y juguetes podría plantearse la comunicación con su público
desde otro punto de vista económico, ético y estético. Es sólo
un esbozo de lo que merecería la pena ser investigado para casos
particulares.
Los anunciantes de alcohol y tabaco han
cambiado el chip a fuerza de ley. Sería positivo que los fabricantes
de juguetes españoles explotaran la igualdad antes de que iniciativas
legales como la italiana, que prohíbe usar niños en publicidad
infantil, pudieran traer cambios inesperados a España desde
la legislación.
FUENTE:
Emilio Pila.
Director de comunicacion de Advergaming de xtragames.com
FECHA: 31/12/2002
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