Multimedia,
guidelines, menores costes, ¿bastarán para reanimar
el marketing online?
A lo largo de 2001 el márketing
online y el e-advertising se han ido ajustando para dar una
respuesta a la crisis. Nuevos formatos para los bánners,
más grandes, con nuevas ubicaciones, la aparición
de los interstitials y superstitials, de los enlaces patrocinados,
los pop-ups y pop-unders, las tecnologías richmedia,
la inclusión de lo audiovisual en los mensajes de correo
electrónico, newsletters con HTML y DHTML, la mejora
en la potencia de los buscadores, la racionalización
de los precios, una mayor tendencia al uso de los contenidos
como apoyo a las funciones comerciales de los sites y el surgimiento
de muchos nuevos servicios y modelos de pago son sólo
algunas de las cosas que han cambiado. Pero, subsiste la duda
de si bastará sólo con esto para que el márketing
y la publicidad online consoliden su crecimiento o si, en cambio,
hace falta también que se produzcan cambios en otros
aspectos menos visibles pero igual de importantes.
Estos cambios han permitido alcanzar un
nivel mayor de interactividad, dan espacio a nuevas creatividades
y a la posibilidad de contar con una mayor coherencia en la
imagen de marca, ya que es más sencillo ahora adaptar
los mensajes y contenidos de las estrategias globales de márketing
a los recursos específicos del e-márketing, aprovechando,
por ejemplo, contenidos audiovisuales desarrollados para la
TV o el cine.
La idea que ha surgido en estos meses es
la de aproximar sensorialmente la experiencia de los mensajes
publicitarios en la red a la experiencia de los usuarios con
otros medios, pero con el lenguaje y el 'feeling' que es propio
de la red de redes: complementando dichas experiencias audiovisuales
con la interactividad, la información textual, las herramientas
contextuales para potenciar el efecto del mensaje y para ayudar
al destinatario a comprender y utilizar la propuesta de producto,
servicio o entretenimiento que se le hace llegar, además
de poder interactuar, simultáneamente, por varios canales:
web, e-mail, contact center... escalonar la compra en varias
fases, consultar, pedir, comparar, contactar offline, presencialmente...
En conjunto, estos cambios e innovaciones,
junto con los consensos entre las agencias interactivas y las
asociaciones publicitarias para unificar criterios sobre las
métricas, la medición y la publicación
de los resultados de las campañas, han contribuido a
reforzar la imagen de credibilidad de la publicidad online e
interactiva. Además, la crisis ha provocado también
una racionalización del mercado, con más ventajas
para los anunciantes. La cuestión es, ¿basta con
todo esto para una reactivación del sector a lo largo
de este año?.
Un mercado que presenta ya signos de
madurez
A pesar de la crisis durante 2001, en muchos
países, entre ellos España, la inversión
en la publicidad online siguió creciendo, eso sí,
con tasas muy moderadas, apenas suficientes para no hablar de
un estancamiento. Incluso la inversión en márketing
electrónico superó a la verificada en otros canales
más tradicionales como el cine o la radio. Pero ello
puede atribuirse, en mayor medida, al hecho de que el sector
de la publicidad online, el e-commerce y el uso que, en general,
hacen y harán las empresas de internet está en
plena expansión, incluso en medio de la crisis. Se trata
de un sector estratégico en el que nadie quiere quedarse
fuera de lugar.
Pero ello no va a ser siempre así,
y con la recuperación de la economía, que se dará,
previsiblemente, a lo largo de este año, el mercado llegará
pronto a su punto de maduración. De hecho, el comercio
electrónico en algunas capas de la población en
los EE.UU. parece haber llegado ya a este punto, y otro tanto
acontece con la telefonía GSM en Europa, de forma que
el crecimiento futuro para el márketing, la publicidad
y los negocios online en general ya no vendrá tanto de
las innovaciones, de la tecnología o del reconocimiento
de la validez de dichos modelos, como de las propuestas que
las empresas hagan a sus clientes basándose en todos
los elementos de un mercado que ya tiene configurados sus elementos
y sus leyes esenciales.
Actuar sobre los elementos menos visibles
En las situaciones de recesión-crisis-recuperación,
se dan una serie de factores dentro del márketing que
es conveniente tener controlados, además de los inherentes
a la tecnología, los precios, los soportes, los medios
y todo lo inherente a la campaña en sí en términos
de mensaje, creatividad, target, etc.
Hablamos de la relación con los
clientes, de una evaluación del impacto de la crisis
y del modo de responder a ella con herramientas de gestión
y de márketing, de la planificación del posicionamiento
del producto, la marca y la empresa a medio y largo plazo: ¿cuál
será el mensaje? ¿para qué productos? ¿qué
perfiles de clientes interesan más para afrontar la salida,
la recuperación y el crecimiento? y, naturalmente, la
configuración del equipo humano responsable de llevar
a buen puerto la implementación de la respuesta de márketing
para la salida de la crisis, ¿quiénes serán
los responsables? ¿cuál debe ser su perfil? ¿qué
impacto tendrá todo ello en la gestión del día
a día? ¿cómo configurar las fuerzas de
ventas?.
La relación con los clientes
merece siempre un análisis detallado, pero más
aún en una época de transición, donde corremos
el riesgo de seguir instalados en una mentalidad 'recesiva'
cuando la recuperación de la economía (y de los
competidores) comience a pisarnos los talones.
Las preguntas a plantearse a este respecto
van en el sentido de determinal el papel que van a desempeñar
las relaciones con los clientes, los distribuidores, empleados,
proveedores y colaboradores en general y cómo las está
afectando la recesión. Qué espacios tenemos para
implementar acciones de márketing orientadas a reconducirlas
a favor de los objetivos que nos hemos planteado para salir
de la crisis.
¿Tenemos ya en marcha mecanismos
para supervisar dichos cambios, para hacer un seguimiento, retroalimentarlos
con la información que nos aportan? ¿Hemos detectado
deterioros en nuestra relación con algunos de dichos
agentes? ¿Qué estamos haciendo para arreglarlo?.
De un modo más general, en cuanto
al impacto de la crisis, ¿tenemos ya una estrategia
de respuesta? ¿Es defensiva, es decir, buscamos consolidar
la posición actual y concentrarnos en las áreas
esenciales, racionalizando costes o, por el contrario, nuestra
respuesta será expansiva, lanzando nuevos productos,
atendiendo a nuevos nichos de clientes, aprovechando las debilidades
detectadas en los competidores, sumidos, como nosotros, en la
misma crisis?. Las acciones de márketing previstas, ¿cómo
son?, ¿a largo plazo?, ¿a medio plazo?. ¿Cuáles
en cada caso? ¿Cómo están establecidos
los mecanismos de seguimiento, de tratamiento de la información
y de su aplicación?.
En cuanto al posicionamiento, ¿tenemos
ya una idea clara de dónde queremos estar cuando lleguen
los buenos tiempos? ¿Sabemos lo que tendremos que hacer
para alcanzar ese objetivo? ¿Qué nos hace falta?
¿Hemos evaluado recursos, finanzas, personal, ideas,
tecnología, clientes, mercado, producto, precios, mensajes,
canales, medios...?
Algunos ejemplos concretos
Durante la recesión que se inció
en 1997 en Asia y que afectó también a la economía
de México, Brasil, Argentina y otros mercados emergentes,
muchas empresas norteamericanas y, en particular, las agencias
de márketing, dedicaron equipos de trabajo a analizar
los efectos de la crisis en sus negocios y sus estrategias de
comunicación en dichos mercados, aún a pesar de
que, en 1998, 1999 y 2000, la situación económica
de los EE.UU. era envidiable. Se fijaron, en particular, en
la respuesta que las principales marcas y empresas implementaron
en esa ocasión y los compararon con los mensajes y las
estrategias de márketing que se dieron en los EE.UU.
durante la última recesión, la de 1991-1993, que
también afectó con especial virulencia a los países
europeos.
La principal conclusión que se sacó
de aquellos análisis, y que se ha expuesto detalladamente
en distintos congresos y seminarios, es que la gestión
de la crisis no sólo debe estar relacionada con recursos
tangibles como el dinero, los trabajadores o la tecnología,
sino, sobretodo, con las ideas, con los mensajes, con lo que
se transmite al público, sea este el cliente final, o
cualquiera de los colaboradores a cualquier nivel del proceso
de funcionamiento de un modelo de negocio.
En una recesión, en lo primero que
se fija el consumidor es en el mensaje que emiten las empresas
y las marcas. Y buscan, sobretodo, identificarse con dicho mensaje.
Es decir, cualquier campaña debería reajustarse
para reflejar los cambios sociológicos de sus clientes
potenciales, las nuevas ideas, los nuevos valores que surjen
antes, a través y después de la crisis. Por ejemplo,
en la situación actual, el valor seguridad, el valor
comodidad y el valor calidad han desplazado al valor precio
y al valor "estar a la última".
El mensaje, además, se puede modular
no sólo a través de las ideas que se transmiten,
sino de lo que se hace, de lo que se propone a los usuarios.
En muchos casos, las compañías analizadas tuvieron
éxito en una época de crisis al introducir cambios
sustanciales en su gama de productos y servicios con el fin
de adaptarlos al 100%, más allá del envoltorio
promocional, a la nueva situación de los consumidores.
Igualmente, el valor de la marca es uno
de los principales activos de cualquier negocio. Pero, durante
una crisis, para que los consumidores sigan considerando a una
marca como "valiosa" esta debe hablar también
el nuevo lenguaje que impone la situación, debe, de algún
modo, "renovarse", haciendo ver que su compromiso
sigue siendo válido porque se adapta y "comparte"
el momento con su público.
Algunos de los ejemplos concretos de las
crisis de 1991-1993 y de la de 1997-1998 en Asia e Iberoamérica
son los siguientes:
La marca Quacker, especializada en cereales,
consiguió, en la recesión de 1991-1993 dar la
vuelta a varios años de caída en las ventas, debidos
a la proliferación de cereales variados, dietéticos,
con fibras, etc, que competían con su producto estrella,
los copos de avena, gracias a una serie de campañas realizadas
en todos los países en los que tenía presencia,
en la cual el mensaje era que los copos de avena constituían
una fuente económica y saludable de proteínas.
En los EE.UU. el mensaje se completó, además,
con una frase: "un bol le cuesta a Vd. apenas un níckel
y cuatro peniques (unos pocos céntimos)". El mensaje
tuvo éxito, tanto, que la marca dedicó la mitad
de su presupuesto de márketing para apoyar la campaña,
con la imagen del actor Wilfred Brimley, para los países
anglosajones.
La cadena de supermercados Wendy's, por
ejemplo, basó su respuesta a la crisis en un lema sencillo,
con un mensaje claro perfectamente comprensible para su público
objetivo, y con una dosis de buen humor. Los personajes de su
campaña se dirigían en un tono coloquial al cliente
diciéndole "mire, sé que tiene menos dinero
para gastar en estos tiempos, pero eso no quiere decir que tenga
usted que comer menos".
El fabricante sueco de muebles Ikea, con
un target de público joven, urbano, práctico,
con un nivel adquisitivo medio e incluso bajo (jóvenes),
que vive en casas donde la gestión del espacio disponible
es vital para estar cómodos y organizar el día
a día, utilizó un mensaje semejante al de Wendy's,
al dirigirse a su clientela diciéndoles algo así
como "¿Recesión, qué recesión?.
Puede que el país esté atravesando por una recesión.
Pero, ¿por qué tendría Vd. que hacer lo
mismo?".
En la presente coyuntura, el mensaje de
Ikea ha vuelto a cambiar, su lema es "Redecora tu vida",
y hace referencia a personas que están tomando decisiones
importantes en un momento de grandes cambios, afianzándose
en sus propias convicciones para salir adelante, viviendo con
independencia. La compañía "comparte"
esa filosofía con su target.
Un último ejemplo es el de Schweppes.
La popular marca de bebidas refrescantes lanzó un mensaje,
precisamente, para distinguirse de las demás. Sus campañas
hicieron que la tónica Schweppes pareciera una bebida
elegante, exquisita, diferenciadora, alejándola del mensaje
que más hubieran podido esperar los consumidores. En
los últimos años, una serie de anuncios basados
en animales exóticos, preciosas fieras, como tigres,
pumas, cocodrilos que departen en una elegante fiesta nocturna,
o al borde de la piscina de un lujoso club de veraneo, continuaron
reforzando esa imagen para la tónica que es, en numerosos
mercados, su producto estrella. La tónica Schweppes se
convirtió, así, en una extravagancia, una exquisitez,
perfectamente asequible a cualquier bolsillo.
Después de todo, y eso lo saben
bien los que hacen cine, los guionistas, los directores, la
industria del espectáculo, nada hace más ilusión
en medio de la crisis que evocar la fantasía de tiempos
mejores, de una vida mejor, del lujo, la comodidad, la tranquilidad...
toda campaña que consiga, con ingenio y sentido del humor,
evocar este magín entre su público, conseguirá
llegarles con su mensaje y sus propuestas.
Y es que quizás no haya un momento
mejor para estar 100% al lado de los clientes que durante una
recesión. Es como si la crisis despertara y agudizara
los sentidos. Las necesidades y actitudes de los clientes marcarán
siempre la pauta para la comunicación y fomentar la confianza
y las espectativas que genera la marca.
No descuide los costes de su campaña
Este es el factor siempre presente. Una
vez más, internet y una buena dosis de imaginación
y creatividad podrán ayudarnos. El márketing below-the-line
utilizando el correo electrónico, la promoción
cruzada con otros sites, técnicas virales, o el recorrer
la web, los foros, las listas de discusión y saber qué
es lo que se 'cuece' en la mente de distintos perfiles de consumidores
y usuarios es esencial, cuesta poco o ningún dinero y
tiene unos resultados bastante buenos.
De hecho, durante los 90 el márketing
directo, el micromárketing, el márketing social,
la organización de eventos, reuniones, presentaciones,
etc., conoció un auge sin precedentes gracias, sobretodo,
a las lecciones de la crisis de 1991-1993. Internet ha venido,
además, a facilitar y potenciar este tipo de actuaciones,
a la vez que añade la interactividad como valor inmediato
y relevante.
La crisis deja también un margen
mucho mayor para renegociar los precios que Vd. paga a las agencias
y a los medios por inserir o gestionar sus acciones publicitarias.
Es buen momento para renegociar tarifas en buscadores, en espacios
web, en la implementación de campañas, en la elaboración
de listas y bases de datos, en la sustitución de tecnologías
obsoletas... En fin, allí afuera hay cientos de empresas
para las que Vd. es el cliente, o el cliente potencial y que,
del mismo modo en que Vd. y su equipo están haciendo
todos los esfuerzos posibles por poner al alcance del cliente
la mejor de entre todas las propuestas, ellos también.
Aprovéchese, pásese al otro lado por unos instantes,
y utilice esas ventajas en su propio beneficio y en el de sus
propios clientes.
FUENTE: Federico Hernández
Plasencia
para Emarketeer.com
FECHA: 4/4/2002
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