Márketing,
consideraciones para afrontar una recesión (Parte II)
En la Primera Parte de
este artículo hacíamos una reflexión
sobre el modo en que las empresas y los distintos agentes
implicados en las acciones de márketing reaccionan
ante una situación de crisis o de recesión
como la actual. Comentábamos la existencia de unos
elementos externos, de unos internos y de un proceso de
segumiento del cumplimiento de objetivos, que había
que abordar para analizar los cambios que una compañía
debe implementar, en su estrategia de márketing,
como respuesta a la crisis.
En la Primera Parte de este artículo
hacíamos una reflexión sobre el modo en que las
empresas y los distintos agentes implicados en las acciones
de márketing reaccionan ante una situación de
crisis o de recesión como la actual. Comentábamos
la existencia de unos elementos externos, de unos internos y
de un proceso de segumiento del cumplimiento de objetivos, que
había que abordar para analizar los cambios que una compañía
debe implementar, en su estrategia de márketing, como
respuesta a la crisis. En esta segunda parte hablaremos de los
elementos que atañen mucho más directamente a
una empresa en particular y que se sitúan de un modo
mucho más inmediato en la esfera de influencia que afecta
a su actividad y sus resultados. Se trata, en suma, de los cambios
en los hábitos de sus clientes y de cómo fluctúa
la demanda en los distintos segmentos de mercado.
La crisis tiene unos efectos de cambio
en los consumidores que son simétricos con los que acontecen
en las empresas
En la primera parte hablábamos al
final de analizar qué es lo que hace la competencia,
luego de tratar el papel de la tecnología y la importancia
de tener un sentido del ritmo sobre la crisis, es decir, de
temporalizar adecuadamente la fase en la que nuestra empresa
se encuentra dentro de la evolución más general
del período de ajustes, cambios, o recesión. Todos
ellos son elementos externos, forman parte del ambiente en el
que se desenvuelven los negocios y afectan, más o menos
con la misma intensidad, aunque de forma diferente en cada caso,
a todas las compañías.
Pero hay unos factores que, siendo todavía
externos a los procesos que conforman un modelo de negocio,
sí que le afectan de un modo muy particular y requieren
de un tratamiento específico en cada caso. Hablamos de
los cambios en los hábitos de nuestros clientes,
y de cómo dichos cambios hacen que la demanda fluctúe
y se mueva a través de distintos nichos de mercado.
Si la crisis tiene un efecto en las empresas
y las obliga, por ejemplo, con respecto a las acciones de márketing
y a determinadas políticas de producto, a cambiar, a
reconsiderar posturas y a incrementar la eficacia con la que
utilizan los recursos disponibles, otro tanto ocurre entre los
consumidores. Ellos deben también adaptarse a una crisis
que altera sus espectativas, cambia su concepto de la seguridad
y les impele a estudiar más detalladamente en qué
invierten su dinero y su tiempo.
El valor es un elemento líquido
que se amolda a la interacción marca-producto-coste-perfil
de cliente.
El valor de una transacción, en
estos casos, se comporta como un fluido y cambia de un lugar
a otro. Si para un mismo perfil de consumidor en un momento
dado el acceso a internet, la tecnología o la posibilidad
de comprar online como hecho novedoso suponían un valor,
en otro momento puede que el valor resida en la ventaja a nivel
de precios, en la comodidad de compra o en encontrar un servicio
que les resuelva un problema práctico, como hacer regalos
a terceras personas o poder comparar entre distintos productos
y tiendas sin tener que hacer desplazamientos físicos,
o bien poder recabar información útil que les
sirva de guía en un proceso de compra.
En tiempos de cambios, además, los
clientes suelen valorar el que la empresa se adapte y sepa responder
a sus necesidades inmediatas, pero sin alterar, antes al contrario,
consolidándolo, el compromiso adquirido con él,
la confianza y la seguridad de que los problemas que pudieran
presentarse van a tener una solución o, al menos, una
voluntad de solución, por parte de la empresa.
Esto hace que localizar el valor de la
transacción con el cliente se convierta en algo complejo.
Puesto que una parte de él requiere que la empresa, en
medio de cambios e incertidumbres, sea capaz de mantener un
compromiso, en muchos casos, adquirido en una época de
menores exigencias del lado de la demanda, mientras que, por
otra, el valor debe tener también una representación
actualizada en la percepción del usuario, so pena de
que la marca o el producto pierdan interés o ventaja
comparativa frente a otros.
De hecho, este es uno de los riesgos importantes
en los mercados maduros, el que las marcas terminen por ser
percibidas por los usuarios como equivalentes o iguales y que
la compra finalmente, dependa de cuestiones circunstanciales,
lejanas al control de los marketeers o de las políticas
de producto y de marca de la empresa.
Es importante valorar si merece la pena
seguirse dirigiendo al mismo target o si ha llegado la hora
de reposicionarse en el mercado.
Estamos, además, ante una situación
en la que la empresa debe considerar, dentro de la temporalización
de la que hablábamos en el artículo anterior,
cuál es su capacidad de responder a estos cambios en
el comportamiento, en las preferencias y en la percepción
de valor de los usuarios. Esta pregunta es importante, puesto
que la respuesta puede ser claramente aquella de que los recursos
y la capacidad de adaptarse al cambio que exige el perfil actual
de clientes no es viable dentro de un plazo de tiempo determinado,
o supone unos costes muy elevados en función de la rentabilidad
que podríamos llegar a obtener de tal segmento de clientes.
Para muchas compañías, este
cambio en el comportamiento de los clientes marca la pauta para
plantearse un reposicionamiento del producto o de la marca,
yendo en busca de clientes con los cuales se pueda establecer
un compromiso estable y, a la vez, una mayor rentabilidad para
ambas partes, en las transacciones. Tomar este camino dependerá
de que la empresa haya hecho un análisis en profundidad
de cuáles son sus capacidades y de cuáles de los
distintos segmentos de mercado están evolucionando en
una dirección que cuadre con las aptitudes de la empresa
y su modelo de negocio para producir respuestas adecuadas sin
dejar a un lado el objetivo de la rentabilidad y de la creación
de valor.
En otros casos, los pequeños cambios
acumulativos en el comportamiento, la percepción y las
necesidades de los clientes obligan a replantear no ya el producto
o el segmento de clientes hacia el que nos dirigimos, sino las
herramientas y estrategias de márketing con las que intentamos
definir y resaltar el valor que la marca representa para los
clientes. Es, por ejemplo, lo que están haciendo muchas
punto.com, especialmente en el sector del e-tailing, que siguen
ofreciendo sus productos y servicios de siempre, pero comunicando
un mensaje distinto y aportando cambios en el valor que permitan
ir satisfaciendo lo que demandan los usuarios.
En los últimos meses la seguridad
en las compras, la usabilidad, las condiciones de compra y entrega
y las políticas de precio de las grandes tiendas online
han experimentado cambios y mejoras sustanciales, y los portales
se muestran mucho más receptivos, por ejemplo, a las
demandas concretas de los usuarios en cuanto a posibilidades
de interactuar por otros canales, de hacer compras online por
etapas, primero seleccionando el producto, después, componiendo
un pedido y, en una fase posterior, pagando y solicitando el
envío en una fecha determinada.
También la publicidad online ha
evolucionado para adpatarse a esas necesidades, con nuevos formatos
y con el apoyo de potentes herramientas para la personalización
y la ejecución de acciones de márketing directo.
El resultado de esta respuesta por parte de las empresas ha
sido una aceptación cada vez mayor del comercio electrónico
por parte de los clientes, acercando al comercio online a la
lógica (que no al entorno o al modelo de interacción)
del comercio tradicional, que es más familiar y manejable
para la gran mayoría de los compradores potenciales.
Como no se trata de un terreno estanco,
estos cambios en el valor que rodea al producto orientado a
un segmento de clientes que se mantiene estable sociológicamente,
pero cuyo comportamiento y exigencias varían, terminan
por suponer, a medio plazo, un cambio en la concepción
del producto que, en el caso de portales como Yahoo! o Terra,
que buscan la rentabilidad a toda costa, implica, de hecho,
abandonar una parte de su target de mercado para centrarse en
la más rentable o acceder a nuevas categorías
de usuarios. Colocándoles en una situación como
la que mencionábamos un par de párrafos más
arriba.
De hecho, este es el nudo esencial de los
contenidos y servicios de pago online, que han pasado de ser
un acompañamiento de valor agregado a los productos,
a convertirse en un producto en sí mismos, pasando el
valor a estar representado más por la marca que por otros
servicios y ventajas.
La publicidad online se ha vuelto esencial
para reforzar a las marcas
Esto ha tenido como consecuencia que la
publicidad online, a la vez que se ha vuelto interactiva, específica
y personalizada, se vea reconocida en su potencial para las
acciones de branding y para apoyar claramente la imagen y la
filosofía de una compañía en un mercado
en el que los servicios, ahora convertidos en producto, se parecen
cada vez más entre sí.
Es importante tener en cuenta que estos
cambios no son lineales y que el ciclo económico adverso
lo que hace es acelerar el ritmo y resaltar la tendencia de
los clientes a buscar siempre cosas nuevas, picotear en un site
u otro, buscar la mejor oferta, postponer la decisión
de compra varias veces, o utilizar un canal para apoyar una
compra, que, finalmente, se hará en otro distinto. Los
consumidores online saben que la crisis 'aprieta' a las tiendas
virtuales y, por tanto, se muestran dispuestos a negociar, a
plantear ellos, si cabe, las condiciones de la transacción
y a documentarse lo suficiente como para tener siempre a mano
la alternativa de un suministrador más económico.
Muchas compañías caen en
el error de percepción que supone creer que los consumidores,
en un momento recesivo, se mueven básicamente en función
de los precios. En realidad, se mueven en función del
valor y buscan, más que lo más barato, aquel producto
o marca que, por un precio dado, sea el que más les ofrece.
En este punto, la empresa debe analizar
qué segmentos de entre su target general de clientes
pueden ser más o menos sensibles al binomio precio/valor
y, en función de ello, poner más ahínco
en adaptar la política de precios o bien en adaptar el
valor, pero sin perder de vista que lo que realmente interesa
es dirigirse siempre hacia el segmento de clientes que sea más
rentable para los modelos de negocio y de respuesta que la empresa
sea, realmente, en este momento, capaz de desarrollar.
La gestión del valor y del precio
debe hacerse teniendo en cuenta los riesgos que puede haber
para la imagen de la marca. A veces, si el margen de maniobra
es muy estrecho, vuelve a surgir con fuerza la opción
del reposicionamiento y de reconsiderar a qué segmentos
del mercado nos estamos dirigiendo y a cuáles deberíamos
dirigirnos.
De ahí que el papel de las acciones
de comunicación con los clientes, de todo lo que es el
márketing online, sea en estos momentos crucial para
las marcas y que en estos meses de cambios importantes y acelerados,
para los usuarios la marca sea la referencia básica,
a la cual asocian un determinado nivel de calidad, de precio,
de usabilidad, de seguridad, de transparencia, de comodidad
y de estabilidad de dichos valores a lo largo del tiempo, independientemente
de que las características del producto varíen,
como lo hacen, de hecho sus propias necesidades circunstanciales.
En la próxima parte de esta serie
de artículos analizaremos lo que debe revisarse a nivel
interno de la empresa y de sus procesos, de cómo elementos
como la capacidad financiera, la calidad de los recursos humanos,
el tipo de producto y servicio, el posicionamiento y el perfil
de la base de clientes, deben permitirnos analizar nuestras
fuerzas y debilidades a la hora de abordar los cambios en nuestra
estrategia de márketing que la situación de recesión-crisis-recuperación
nos exige.
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