La comunicación
entre anunciante y agencia es vital para gestionar una campaña
de e-mail márketing
La comunicación
es vital para que una campaña de e-mail márketing
tenga éxito. Lo es en el transcurso y también
después de su ejecución. Sin embargo, de vez
en cuando, incluso en las grandes empresas, una campaña
de e-mail márketing puede ir mal, dar un resultado
desconcertante porque se cumplieron todos los pasos que
en ocasiones anteriores condujeron al éxito y, no
obstante, se obtuvieron niveles de respuesta bajísimos
o una reacción no esperada por parte de los destinatarios.
Parte del problema puede estar precisamente
en la coordinación entre el anunciante y el equipo o
agencia que se encarga del desarrollo de la campaña.
Especialmente, en entornos de 'opt-in' marketing. Es aconsejable,
por tanto, preocuparse por elegir a la agencia adecuada y por
asegurarse de que se nos entiende y de que también entendemos
bien nosotros, como anunciantes, lo que se necesita para que
una campaña sea un éxito.
Olvídese del "hágalo
usted mismo"
Cuando emprendemos una acción de
e-mail márketing nos enfrentamos a una cantidad importante
de trabajo que, rara vez, es posible realizar dentro de la misma
empresa, en particular si se trata de una PYME. Bien es cierto
que se puede recurrir a soluciones más o menos de 'urgencia',
como instalar un software específico que permita manejar
con una prudencia razonable volúmenes de 1.000 a 2.000
mensajes enviados. El manejo de la campaña será
sencillo, pero también lo serán los resultados
obtenidos, no permitiendo establecer un perfil en profundidad
del tipo de respuesta de los usuarios, como por ejemplo, saber
si abrieron o no los mensajes recibidos.
En contrapartida, en un proceso controlado
enteramente dentro de la empresa, todos los detalles, las respuestas
y los datos están a la vista, y es cuestión de
hacer un análisis adecuado. También los costes
de estas campañas de pequeño alcance son más
reducidos.
Sin embargo, para que una campaña
de e-mail márketing tenga un impacto consistente, es
preciso superar por mucho esos mil o dosmil mensajes. Es el
momento, entonces, de recurrir a una agencia especializada.
Dichas agencias cuentan con la infraestructura
necesaria para personalizar, enviar y monitorizar casi en simultáneo
el nivel de respuesta de la campaña, los clicks en los
contenidos de los mensajes recibidos, los correos que son abiertos
y leídos por el usuario, así como incorporar y
gestionar elementos de personalización de las campañas.
Esto es crucial, además, si nos
aventuramos en el cada vez más recomendable terreno del
opt-in mailing, donde las tasas de respuesta suelen ser superiores
al 3% y pueden, en ocasiones, alcanzar cotas de más del
25%. En este caso, la gestión de las bases de datos sobre
los destinatarios implica, si cabe, más seguridad, más
control y más rigor en el uso de la información
recabada.
Según señala Enric Aparici,
de Consupermiso.com "de media, la inversión que
una empresa tendría que hacer para licenciar el software,
contratar el ancho de banda necesario y hacerse con hardware
y otros elementos técnicos, suele superar los 900.000
o el millón de euros, por lo que la externalización
es la alternativa que adoptan casi todas las empresas, incluso
las PYMEs".
La comunicación entre anunciante
y agencia es vital
Por tanto, resultará básico
que entre la empresa anunciante y la agencia se establezca una
línea de comunicación fluida, permanente, para
evitar que interpretaciones dispares arrojen resultados decepcionantes
en las campañas. La comunicación pasa por alcanzar
una identidad de criterio en la forma de expresar el concepto
de la campaña.
La agencia debe trabajar no sólo
poniendo el soporte técnico y el análisis de los
datos, sino acompañando a la empresa cliente en el desarrollo
de todos los elementos de la acción, incluso en la demarcación
del target y de los formatos de comunicación más
apropiados: mensaje, contenidos, diseño, funcionalidades,
lógica de la oferta, etc.
La agencia debe también ofrecer
la posibilidad de ir testeando, etapa por etapa, cada uno de
los elementos y de los procesos de la campaña, haciendo
pruebas y sondeos para evaluar los niveles iniciales de respuesta
y sopesar la cantidad de trabajo y la velocidad de retorno.
En las campañas bien diseñadas
más de la mitad de las respuestas reales se suele recibir
dentro de los tres primeros días. Tal ha sido, por ejemplo,
la experiencia de Emarketeer en un sond eo que envió
recientemente a sus suscriptores para valorar su opinión
sobre tipos y características de contenidos que desearían
ver reflejados, y es también lo que reflejan en sus resultados
empresas como Consupermiso.com o Venture Direct.
Es decir, que la respuesta es casi inmediata
y los volúmenes de información necesarios para
comenzar a hacer un análisis coherente están disponibles
a partir ya de las primeras 48 horas.
Esta velocidad es lo que hace que sea muy
necesaria una comunicación fluida entre ambas partes
desde los preliminares, con el fin de poder reaccionar con la
misma rapidez que lo exige la respuesta, especialmente si la
campaña, de pronto, muestra que hay potencial para hacer
algo más o, por el contrario, está dando unas
tasas de respuesta peores de lo esperado, o de lo habitual en
actuaciones anteriores y bajo criterios similares.
¿Qué puede fallar en la
comunicación entre una empresa anunciante y su agencia?
Pues, puede ocurrir que la agencia, en
la fase de captación del anunciante, se muestre diligente
y profesional, seductora, y derive el discurso hacia las facilidades
y comodidades del servicio y hacia los precios y las ofertas,
descuidando o dando por sentado el aspecto crucial, que es la
capacidad de trabajar junto con el anunciante para poner a punto
todos y cada uno de los elementos de la campaña. La agencia
puede sobreentender erróneamente, que el anunciante comprende
el lenguaje y las peculiaridades del e-mail marketing y que
tiene unas espectativas coherentes con la realidad.
Puede ocurrir también que la agencia
no muestre la misma intensidad en la relación con el
anunciante en la fase comercial y en la fase de desarrollo,
y que, por tanto, en el momento de diseñar las herramientas
y de implementar las soluciones, la comunicación no sea
del todo fluida, el cliente de pronto no vea satisfechas algunas
dudas, o sus peticiones de comprobar y testear antes de dar
el sí definitivo y desembolsar su dinero. Puede que la
agencia tampoco ponga todo el cuidado en aclarar al anunciante
cuáles son las tasas de respuesta esperables para cada
tipo de campaña y por qué, y qué hacer
para irlas incrementando en futuras actuaciones.
El anunciante, por su parte, puede pensar
que tiene un conocimiento suficiente de su producto, de sus
clientes y de cómo comunicarse con ellos y, por eso,
se preocupará más en que la agencia satisfaga
los aspectos técnicos que en aprovechar su experiencia
para optimizar el contenido de la campaña.
También, el desconocimiento del
e-mail márketing como herramienta por parte del anunciante
o el temor a plantear demasiadas dudas por si ello pudiera suponer
terminar pagando un precio más elevado, pueden llevarle
a no ser lo suficientemente insistente a la hora de plantear
dudas o de exigir una demostración, una aclaración,
más detalles o un compromiso por parte de la agencia.
No se trata de que haya una mala intención
por una u otra parte, simplemente, no se cuida de la necesaria
simetría en el esfuerzo comunicacional a lo largo de
todo el proceso. La agencia necesita siempre de la colaboración
estrecha con el anunciante para definir con precisión
el perfil del destinatario, sopesar en función de las
prioridades de la empresa, del tipo de producto, marca o servicio
que se va a promover, y de los requerimientos técnicos,
si los datos, las listas, aportadas por la empresa anunciante
o construidas en conjunto son idóneas y si el mensaje
preparado o pretendido por la empresa es adecuado.
Estas cosas parecen obvias, pero no son
pocas las ocasiones en las que no se tratan a fondo por ambas
partes. En cualquier caso, una buena comunicación garantiza
que, en caso de obtener malos resultados de la campaña,
tanto el anunciante como la empresa estarán en condiciones
de ponerse a trabajar de inmediato para solventarlo. Además,
la buena comunicación, precisamente, es lo que permitirá
valorar si un resultado es, ciertamente, bueno o malo, ya que
las espectativas de ambas partes estarán más claras
y serán más acordes con la idoneidad de los esfuerzos
realizados.
Conviene tener siempre presente que no
todas las campañas producen los resultados que esperan
los anunciantes. De hecho, la mayoría no cumple con las
expectativas iniciales y sólo unas pocas las superan.
Las causas a veces son imponderables o sólo quedan claras
una vez que se ha realizado la experiencia. Esto es algo que
las agencias deberían esforzarse también por hacer
comprender al anunciante.
Un aspecto esencial a tener en cuenta es
que, de todos modos, la comunicación no finaliza con
la acción de e-mail márketing y la presentación
de los resultados. Siempre, una campaña y los datos que
arroja abren las puertas a ulteriores esfuerzos y mejoras, de
ahí que los anunciantes busquen cada vez más una
relación estrecha con las agencias en las que las interferencias
comunicacionales sean mínimas.
En algunos países como los EE.UU.,
los grandes anunciantes comienzan a preferir establecer acuerdos
distintos, con distintas agencias, para distintos productos,
mercados o lanzamientos, con el fin de que los hábitos
y la visión preconcebida que cada parte tiene de la otra
no terminen por imponerse a la realidad del escenario de trabajo.
Además, es una manera de comparar precios y calidades
y poder elegir siempre con ventaja. Otras compañías,
en cambio, dedican tiempo y esfuerzo a integrar una parte de
su equipo con el de sus agencias, con el fin de garantizar un
trabajo "hecho en casa". Sea cual sea la opción
elegida, el trabajo no hace más que empezar con la primera
acción de e-mail márketing.
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