Algunas cuestiones
a tener en cuenta acerca del opt-in e-mail
Los anunciantes están siempre a
la búsqueda de herramientas que les permitan rentabilizar
al máximo sus inversiones en publicidad, con el fin de
no sólo gastar menos en la promoción de cada venta,
sino de hacer que dicho gasto sea lo más eficaz posible
para, incluso, incrementar las ventas sin que el presupuesto
de márketing y advertising se convierta en algo insostenible.
El correo electrónico y, más concretamente, el
que se basa en sistemas de 'permission marketing' como es el
caso de las listas de opting-in, cumple bien con ese requisito.
Se trata de un medio de comunicación directa e individual,
de coste relativamente bajo, que hace llegar, de modo exclusivo
a cada destinatario, la oferta del anunciante. Si a esto añadimos
que el receptor ha dado previamente su consentimiento para recibir
tales mensajes, no es de extrañar que la tasa de respuesta
de una campaña de opting-in sea varias veces superior
a la que se obtiene con acciones indiscriminadas. Para aprovechar
bien el potencial de esta herramienta, es conveniente hacer
un repaso a ciertas consideraciones que atañen tanto
al anunciante como al potencial cliente.
A veces, ni responden todos los que
son, ni son todos los que responden
Más allá del juego de palabras,
queremos decir que es importante contrastar siempre si las respuestas
que recibimos a una campaña de opting-in proceden, efectivamente,
de la lista de destinatarios que manejamos. A veces, ocurren
sorpresas.
Sobretodo cuando la lista de opting-in
no la hemos elaborado nosotros mismos, sino que hemos recurrido
al alquiler de una lista elaborada por otras empresas, cuyos
clientes han dado su aprobación para recibir información
sobre temas determinados en los que, como partenaires o colaboradores,
sí entramos nosotros a jugar un papel como potencial
proveedor. También se da una situación similar
cuando se recurre a terceros para que gestionen nuestras acciones
de márketing. ¿Pero, qué es lo que puede
ocurrir?.
Pues, que recibamos respuestas procedentes
de usuarios o potenciales clientes que no estaban en la lista
de opting-in. Esto puede suceder y, de hecho, sucede, cuando
algunos marketeers poco escrupulosos 'inflan' la tasa de respuesta
a una de estas listas haciendo otras acciones publicitarias
encubiertas, utilizando herramientas distintas del opt-in e-mail,
y redireccionando las respuestas a dichas acciones a la base
de datos que almacena, en teoría, sólo las respuestas
de las personas incluidas en las listas.
En principio, podría pensarse que
¡qué más da!, un click es un click... pero
hay que prestar mucha atención a la enorme diferencia
que hay entre la relación que se establece con un potencial
cliente de opt-in y con uno que procede de una promoción
indiscriminada. Lo grave es que, al confluir todos en una misma
base de datos y al creer el anunciante que todos proceden del
proceso de opting-in, se pueden cometer errores de apreciación
importantes que dificulten la viabilidad de una campaña
y que den resultados desconcertantes en los esfuerzos de comunicación
directa con los destinatarios de la campaña.
Puede que si Vd. decubre que 'se la están
jugando' de este modo, los marketeers encargados de la campaña,
o las empresas con las que Vd. colabora, le digan que se trata
de técnicas de refuerzo de la campaña y que, como
se recurre a técnicas de márketing selectivas
como, por ejemplo, boletines o listas de correos, dichas respuestas
en forma de clicks proceden, al igual que en la lista de opt-in,
de usuarios únicos.
Puede que ello sea cierto, pero, independientemente
de la validez de los datos estadísticos de respuesta
en la campaña, no debe Vd. dejar de lado que la calidad
del perfil de ambos tipos de usuarios es muy distinta, y lo
mismo ocurrirá con la calidad de la información
que Vd. reciba como retorno a partir de la campaña.
Tenga en cuenta que no sólo se juega
Vd. la eficacia de su campaña, sino el dinero que está
invirtiendo en ella y, potencialmente, en muchos casos, su imagen
ante los clientes y el público en general. Por tanto,
conviene que se asegure de que su proveedor de servicios de
márketing, o el site que colabora con Vd. vendiendo sus
servicios, no le 'infla' los datos.
Exija que no se utilicen listas complementarias,
ni otras herramientas de acción distintas del e-mail
enviado a los suscriptores de una lista de opt-in. Exija también
que el contrato de servicios establezca claramente los términos
'opt-in' o 'doble opt-in', según sea su política,
el perfil de usuarios y la naturaleza de la campaña,
y que ambas partes describan y estén de acuerdo en qué
consiste todo ello. Exjia, también, que ninguna dirección
de correo electrónico no solicitada, esto es, no autorizada
por su propietario, se incluirá en la campaña.
Es conveniente hacer de estas exigencias
una práctica rutinaria en sus colaboraciones con otras
empresas para acciones de e-mail márketing, tanto si
es Vd. el anunciante, como el proveedor de servicios para realizar
el mailing o suministrar listas de opting-in de potenciales
clientes.
Y ya que hablamos de listas ¿qué
nivel de exactitud o actualización tienen los datos utilizados?
Aparte de lo reseñado anteriormente,
que afecta, sobretodo, a la tasa de respuesta inicial a una
campaña, a veces notamos que la 'performance' de la misma
no suele ser todo lo buena que esperábamos, inclusive,
que se ha quedado corta con respecto a campañas similares
ejecutadas no hace mucho tiempo sobre clientes con un perfil
bastante semejante. ¿Qué ocurre entonces?. Es
posible que su oferta se haya quedado desfasada, especialmente
en un mercado de rapida evolución como el online, y también
puede ser que su modelo de campaña ya no sea tan eficaz.
Pero, ¿qué hay si, después
de haber comprobado estos puntos, llega Vd. a la conclusión
de que su oferta es bastante buena y su campaña es, al
menos, tan buena como las de la competencia?. Puede que nos
ocurra como cuando nos ponemos a reparar el coche y desmontamos
una pieza y otra y otra, intentando detectar un fallo del que
tenemos pocas pistas... y, a veces, nos olvidamos de lo más
obvio. En este caso, ¿qué tal si comprobamos que
el problema no esté, precisamente, en que los datos que
tenemos ya no nos sirven?.
Distintos estudios al respecto señalan
que, en muchos casos, los datos de las listas de opting-in para
acciones on y offline pueden no ser válidos por distintos
motivos, llegando a mermar el potencial de respuesta en hasta
más de un 30%.
Imagine que, de una lista de 10.000 potenciales
clientes que, en su día, se dieron de alta en un patrón
de opt-in, pasados unos meses, 3.000 de los registros incluyen
datos que ya no se corresponden con la realidad o que, simplemente,
dichas direcciones de correo electrónico ya no existen.
Si sus potenciales clientes son, por ejemplo,
profesionales independientes, con gran movilidad laboral en
muchos casos, o bien empresas a las que Vd. accedió gracias
a la colaboración con una compañía intermediaria,
es posible que, en lo que unos cambien de empleo o de ciudad,
y las otras dejen de ser clientes de sus colaboradores, la eficacia
de los datos de las listas llegue a ser nula en términos
de respuesta para su campaña porque, o bien el mensaje
no llega, o bien el interés potencial del destinatario
ha desaparecido al cambiar sus necesidades.
También suele ocurrir que una empresa
maneje decenas de buzones de correo electrónico y que
los datos que figuren en la lista sean los de un departamento
que ya no existe o que se ha refundido con otro, o los de un
responsable que haya sido promovido o destinado a otras funciones
o, simplemente, puede que se trate de un buzón destinado
a recoger información de todo tipo, como los que suelen
llamarse info@compañía.com, o compañía@compañía.com,
en los que, puede ocurrir, que la información se reciba
correctamente pero que, luego, por cuestiones internas, no sea
redirigida a la persona que, dentro de la empresa, tiene la
capacidad de comprenderla y de responder en los términos
en los que se ha planteado toda la campaña.
Las compañías especializadas
en ofrecer servicios de permission marketing online asumen que,
a lo largo de un año, casi un tercio de las direcciones
de correo electrónico de empresas o clientes suscritos
a listas de opt-in pierden eficacia debido a numerosos factores.
Además, dicha pérdida puede ser incluso mayor,
superando el 50%, si ya, de partida, la calidad de los datos
que figuraban en la lista y su veracidad no eran lo suficientemente
buenos.
Conviene, pues, que si Vd. recurre al servicio
de una agencia de márketing especializada para este tipo
de campañas, independientemente del buen hacer y de la
calidad del trabajo de dicha agencia, se plantee incluir en
sus cálculos ese 20%-30% de pérdida de eficacia
de respuesta debido a los cambios que producen desfases entre
la realidad del destinatario y la información que de
dicha realidad figura en las bases de datos.
Lo ideal sería poder elaborar dichas
listas uno mismo, a partir del contacto y de la gestión
diaria de la relación con los clientes. Aunque no siempre
es posible, sobretodo por problemas de temporalización
y de recursos financieros y humanos. En cualquier caso, conviene
que tenga Vd. siempre bien presentes estas dificultades a la
hora de hacer sus cálculos y de optar por la oferta de
uno u otro proveedor de este tipo de servicios.
Algunas empresas como FreshAddress ofrecen
soluciones que contribuyen a paliar este tipo de problemas.
Se trata de un sistema de rastreo que permite, a través
de los datos de direcciones de correo electrónico antiguas
o en desuso, recuperar el contacto con el cliente encontrando
las direcciones que utiliza en el momento actual.
La compañía sólo necesita
que las empresas interesadas en 'refrescar' los datos de contacto
de sus clientes le remitan un listado con los datos que tienen,
FreshAddress hace el rastreo y devuelve el listado completamente
actualizado. Además, esta empresa sólo cobra por
los resultados positivos obtenidos, es decir, por cada contacto
recuperado con un cliente al que le hubiéramos perdido
la pista. La cantidad es bastante pequieña: 1 dólar
(1,18 euros).
La base que hace esto posible es un enorme
registro de usuarios individuales que recurren, ellos también,
a los servicios de FreshAddress para que, cuando cambian de
proveedor de correo electrónico, de trabajo o, simplemente,
de buzón, les sean reenviados a su nueva dirección
los correos que continuasen llegando a las antiguas. Gracias
a ello, esta empresa, fundada hace casi cuatro años,
consigue mejoras en las listas de sus clientes en un 89% de
los casos, y los usuarios individuales están bastante
satisfechos ya que, para ellos, el servicio es 100% gratuito.
Otra empresa que destaca en este sector
es la neoyorquina Veripost, que opera este tipo de servicios
bajo la marca Return Path. El sistema que se utiliza para que
los clientes se suscriban a este servicio gratuito de redireccionamiento
se basa en el opt-in, y el servicio se ofrece como valor añadido
a través de algunos ISPs e incluso, lo incorporan ya
muchas empresas para sus propios clientes, proveedores y empleados.
La otra parte de los problemas que, con
frecuencia, impiden que una campaña basada en el opt-in
alcance todo su potencial reside del lado del destinatario,
del potencial cliente. Hay un problema importante de percepción
en los internautas acerca de las diferencias que existen entre
el opt-in, el opt-out y el spamming.
A ello se une el problema de que, para
una empresa, no es, a priori, rentable en todos y cada uno de
los casos, invertir recursos para dejar clara esta diferencia
ante cada uno de sus potenciales clientes. Esto se hace, casi
exclusivamente, ante grandes clientes o ante grupos de clientes
muy rentables o muy importantes por cuestiones de marca e imagen.
Se suele dejar de lado a un número mucho mayor de clientes
finales que están interesados en nuestra oferta, pero
que no participan de un sistema de opting-in porque perciben
que les puede ocurrir lo mismo que con el spam.
La situación se agrava con determinadas
prácticas poco transparentes de muchas empresas, que
envían mensajes diciéndole al cliente algo que
no es cierto: "este mensaje no puede considerarse como
spam porque su dirección de correo electrónico
ha sido dada de alta en una lista que... bla, bla, bla, ....".
El cliente se puede enfurecer porque, no
sólo está recibiendo un mensaje que él
considera que no ha solicitado, sino que, encima, se le dice
que está equivocado, que no es spam y que su dirección
fue dada de alta por.... En fin, que el cliente puede responder,
perfectamente, que Vd. ha estado utilizando programas de rastreo
de direcciones de correo electrónico, o comprando o alquilando
listas elaboradas en las que, puede que sí, él
se dio de alta para recibir mensajes, pero no de Vd., que la
utiliza sin su consentimiento previo. Puede, además,
algear que no ha solicitado recibir 5, 10 o 50 mensajes en un
mes comunicándole que tienen una solución para
sus deudas, que el Viagra va a cambiar su vida o que este es
el mejor momento para pasar unas vacaciones en Cuba o en Bali.
Una vez que el cliente ha sido bombardeado
por el spam, o incluso por mensajes destinados a listas de opting
in que se utilizan sin la suficiente transparencia, va a ser
bastante difícil conseguir que pueda distinguir entre
tales prácticas y el envío de mensajes de opt-in
o de doble opt-in. Y ese cliente, de hecho, podría estar
interesado en su oferta y tener una necesidad concreta. Pero,
ante este panorama, nunca compraría en una empresa que
intente venderle algo vía correo electrónico.
Nuevamente, he aquí un motivo para
que Vd. dedique unas horas a repasar todos los aspectos de su
campaña de opt-in e-mail, analice la veracidad de los
datos, las buenas prácticas de sus proveedores de servicios
y verifique que nadie está haciendo, a su costa, con
sus clientes, algo que Vd. no desea. Conviene que refuerce siempre
por otros canales como la WEB, un chat para interactuar de forma
síncrona con los clientes, o el teléfono, dichas
acciones, y que se esfuerce en hacer llegar, como parte del
mensaje, la pedagogía del opt-in, especialmente a los
clientes que son más vulnerables a las acciones masivas
de tipo spam.
Dicho todo lo anterior, no cabe duda de
que poder alcanzar una comunicación regular sobre la
base del opt-in con sus clientes es lo ideal para las acciones
de márketing directo. En el momento actual, estamos en
una situación delicada, puesto que la proliferación
del spam resta credibilidad a las políticas de autorregulación
de las empresas y está forzando la implantación
de normativas que, a la postre, puede que no sirvan de mucho
para proteger a los usuarios, pero que sí, por el contrario,
acaben con las ventajas en términos de inmediatez y rentabilidad
que tiene el correo electrónico como canal de soporte
para acciones de márketing focalizadas.
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